lunes 25 de enero de 2010

La familia cristiana fue lo que venció al paganismo estéril

Por lo que promete el artículo puede ser unos de los ejemplares imprescindibles en nuestra biblioteca.

Ni por las legiones de Constantino (que despenalizó el cristianismo en el 313), ni por los monjes fanáticos de la película «Ágora»: la fe cristiana se extendió por sus valores, por la familia que fomentaba y por la demografía que eso significó. La Iglesia lo sabe y por eso honra a la familia con actos como el del próximo 27 de diciembre en la Plaza de Lima de Madrid. El sociólogo de la religión Rodney Stark, en su libro recién traducido al español «La expansión del cristianismo» (Ed. Trotta), explica que los paganos del Imperio Romano, como los de la Europa actual, no tenían hijos, y que, como sucede hoy, ni siquiera los incentivos económicos les animaban a ello.

La fe da hijos, las ayudas no
«En el año 59 a.C., Julio César promulgó una ley que otorgaba tierra a los padres de tres o más hijos; treinta años después, y una vez más en el 9 a.C, el emperador Augusto promulgó leyes que daban preferencia política a los hombres que tenían tres o más hijos e impuso sanciones políticas y monetarias a las parejas sin hijos, a las solteras de más de veinte años y a los solteros de más de veinticinco. Trajano promovió importantes subsidios por hijo», enumera el libro. Pero nada funcionó. Como recalca el historiador Arthur E.R. Boak, «(las políticas que) intentaron animar a las familias a tener al menos tres hijos resultaron patéticamente impotentes». Los paganos mataban a las niñas recién nacidas, el aborto provocado era cosa generalizada y causa de muerte para muchas mujeres fértiles, casaban a las niñas a los 12 años o antes, y muchas fallecían en partos precoces y peligrosos.

Filósofos por el infanticidio
Abandonar a los bebés para que murieran era contemplado como algo correcto por parte de sabios paganos como Séneca y Tácito. Platón y Aristóteles recomendaban el infanticidio como una política de Estado legítima. El horror de griegos y romanos hacia la fertilidad potenciaba la cultura del sexo masculino estéril, con efebos y esclavos adolescentes. En cambio, los cristianos no abortaban, no mataban a los bebés ni antes ni después del parto, apreciaban la fertilidad, no casaban a niñas pequeñas, no mataban a las niñas recién nacidas. Se calcula que el 60 por ciento de los cristianos eran mujeres. Su fertilidad y los matrimonios mixtos llevaron a que el cristianismo creciese un 40 por ciento cada década, según calcula Stark. No es una cifra absurda: a esa velocidad creció el mormonismo en el siglo XIX. Actualmente, la tasa de reposición, que es de 2,1 hijos por mujer, sólo se da en Estados Unidos e Irlanda. La UE de los veintisiete , en 2005, tiene una media de 1,38. En España, las mujeres agnósticas y ateas no tienen, de media, ni un hijo: sólo 0,9. En Rusia, donde el Estado se ofrece a mantener a los hijos a partir del tercero, sólo un 6 por ciento de las familias rusas se animan a ello: casi siempre son religiosas. En países secularizados como Francia, Inglaterra y Holanda la población religiosa es un 20 por ciento más fértil que la no religiosa, según el sociólogo inglés Eric Kaufmann